Adiós, amor mío. Adiós.
Había esperado a quedarse solo para despedirse. Quería hacerlo dulcemente, morosamente, en silencio. Sin decir nada, sin apenas pensar nada, se quedó allí un rato, con la mirada puesta en ella. La tarde estaba plomiza y empezaba a levantarse algo de viento. Hacía frío. El otoño se acababa. Las hojas, esparcidas por el suelo, se levantaban y caían desacompasadamente, añadiendo su murmullo al rumor de las ramas de los árboles. Ajeno a todo, dejó pasar unos minutos; una eternidad. Luego, se giró sobre sus talones y, sin decir nada más, sin volver la vista atrás, empezó a andar. Con los ojos clavados en el suelo. Rápidamente se fue alejando; empequeñeciendo su figura a la par que recorría el largo camino de tierra flanqueado por majestuosos cipreses. Al poco, no era más que un punto lejano en el horizonte gris, desolador, de aquella tarde.
Adiós, amor mío. Adiós.
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Nos vemos.




«Hay consenso en que el aborto es un mal social que hay que evitar. Sin embargo, en los países en que se ha liberalizado el aborto, éstos han aumentado. En los Estados Unidos, en los primeros diez años, se triplicó, y la cifra se mantiene: la costumbre se instaló. Lo mismo sucedió en España. (...) Descubrimientos revolucionarios, como la fecundación in vitro y el ADN con la secuenciación del genoma humano, dejan en evidencia que desde el momento de la concepción hay allí una vida humana nueva, un nuevo ser. (...) El verdadero grado de civilización de una nación se mide por cómo se protege a los más necesitados.» 














Precioso relato. Me recuerda a mí misma pero con la diferencia de que no me despedía de un amor sino de un ser querido, que duele igual. T invito a que te pasespor mi blog: http://linilla.wordpress.com/
Saludos!!
Lina Ferre Marzo