Quien haya hecho la mili, como yo (quiero decir quien la haya hecho como soldado raso y con «más guardias que el palo de la bandera»), entenderá perfectamente de lo que hablo.
Los soldados, en la mili, muchas veces hacen (hacíamos) guardia en una garita. Defendiendo a la patria y al cuartel del ataque de cualquier posible enemigo…
La “paradoja” del asunto es que (esto lo sabe muy bien, ya digo, cualquiera que, de verdad, haya hecho guardias) el soldado, en la garita, no vigila el exterior. Especialmente de noche. El soldado está permanentemente atento… al interior del cuartel, dejándolo desguarnecido ante cualquier eventual «ataque» (externo) del enemigo.
¿Por qué? Muy sencillo. El oficial o suboficial de guardia, que se aburre como una mona viendo una película de Bergman, se suele dar paseítos (en los días de frío y lluvia pocos, la verdad) con una cierta frecuencia por los puestos de guardia. Se acerca «sigilosamente» a ver si sorprende distraído al centinela… y, echándole una bronca o “metiéndole un puro”, encuentra él con lo que entretenerse…
Y claro, el centinela novato, que se dedica, mirando al exterior del cuartel, a «vigilar al enemigo» puede verse (se ve) sorprendido por el sagaz mando…
Así las cosas, el soldado veterano sabe, perfectamente, que hacia donde hay que vigilar es hacia el interior… para que no te pillen distraído… y, dándole inmediatamente el “alto” y con mucha soltura al oficial/suboficial que se acerca, de esta manera dejar muy claro que uno está atentísimo (al enemigo) y haciendo muy bien su trabajo de vigilancia…
Al soldado le importa “tres pepinos” el enemigo; entre otras cosas, porque no cree en su existencia. Lo que al soldado le importa es que no “lo saquen” de la garita y se lo lleven… arrestado.
El mando, que no se entera mucho porque, generalmente, ha hecho muy pocas guardias -de garita-, se/te felicita por lo «vigilante» que estás y, sin mayores análisis, te deja allí, en tu puesto, y sigue su aburrido recorrido por el interior del cuartel…
Ahora, cambia la palabra soldado por la de político, las de mando, oficial y suboficial por las de pueblo y/o votante, la expresión/idea «vigilar hacia el exterior» por la de «hacer cosas productivas, útiles y necesarias» la de «vigilar hacia el interior» por «propaganda/campaña/gestos de cara a la galería» y la garita… bueno, la garita es claramente el sillón. La poltrona.
Los políticos muchas veces, las más, no hacen cosas útiles, interesantes y productivas… Lo que hacen es cualquier cosa (literalmente, en muchos casos) que les permita/facilite ser reelegidos. Permanecer en la garita poltrona/cargo.
El político se olvida de hacer su verdadero trabajo, «vigilar el exterior» (hacer y resolver cosas en favor de los “gobernados”), porque está muy “ocupado” haciendo cosas (da igual su verdadera utilidad) que le permitan seguir en el cargo, para así, he ahí la paradoja, disponer de tiempo (mandato) para (en teoría) hacer cosas útiles…
El problema es que eso lo hacen muchas veces con mal oído (sin escuchar a la gente) o, peor aún, creyendo que son tan buenos (y tienen bula) que nadie los va a pillar, distraídos… en su cómoda poltrona garita.
Nos vemos.
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«Hay consenso en que el aborto es un mal social que hay que evitar. Sin embargo, en los países en que se ha liberalizado el aborto, éstos han aumentado. En los Estados Unidos, en los primeros diez años, se triplicó, y la cifra se mantiene: la costumbre se instaló. Lo mismo sucedió en España. (...) Descubrimientos revolucionarios, como la fecundación in vitro y el ADN con la secuenciación del genoma humano, dejan en evidencia que desde el momento de la concepción hay allí una vida humana nueva, un nuevo ser. (...) El verdadero grado de civilización de una nación se mide por cómo se protege a los más necesitados.» 














¿Cuando vienes?
¿?