Como El término es lo de menos… o precisamente por eso, el Blanco miembro (léase, pese a la cursiva, sin torcidas intenciones) del PSOE nos aclara, iluminándonos, con soltura, que no estamos en un momento de crisis (económica) sino en un «problema de dificultades».
Eso me recuerda una secuencia que vi, de una telenovela cubana (a saber por qué estaba yo viendo eso…), hace ya años, en la que un personaje de la misma, con un tiro en la barriga, huyendo de la policía, acorralado en unos callejones, bajo un atronador ruido de sirenas y voces policiales, decía…
«advielto peligro…»
Desde que vimos mi mujer y yo (que a saber qué leches hacíamos, juntos, viendo aquello) tamaño alarde de sagacidad y análisis por parte del personaje aquel, la frasecilla se ha instalado entre nosotros, como “broma privada”, para identificar inequívocamente comentarios o actuaciones de probada perspicacia.
Este gilitonto, el término es lo de menos…, que presume en su blog (le niego el enlace) de haberse abstenido (yo creo que a un miembro como este la abstinencia más bien le debe venir impuesta) de formular públicamente preferencias o distinciones en la carrera por ganar las primarias demócratas, entre el miembro Obama y la miembra Hilaria… (sí, esa, la mujer del bien mamado amado… Clinton) y que lo afirma, así, sin el menor pudor:
Me he resistido en estos últimos meses a confesar públicamente mi simpatía hacia Barack Obama para no interferir en lo más mínimo en el proceso de elección que estaba desarrollando el Partido Demócrata.
Este dechado, (o desecho que diría, quizá, la miembra), de precisión lingüística y económica, este listo, es uno de los hombres con más poder en nuestro país.
Y si este está entre los listos y poderosos…
Nos vemos.
Foto: ‘El Mundo‘




«Hay consenso en que el aborto es un mal social que hay que evitar. Sin embargo, en los países en que se ha liberalizado el aborto, éstos han aumentado. En los Estados Unidos, en los primeros diez años, se triplicó, y la cifra se mantiene: la costumbre se instaló. Lo mismo sucedió en España. (...) Descubrimientos revolucionarios, como la fecundación in vitro y el ADN con la secuenciación del genoma humano, dejan en evidencia que desde el momento de la concepción hay allí una vida humana nueva, un nuevo ser. (...) El verdadero grado de civilización de una nación se mide por cómo se protege a los más necesitados.» 














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