Decía yo en mi anterior entrada, hablando sobre la sentencia de la juez Remírez, que «Hay MUCHAS COSAS que no megustan de FJL, y MUCHAS OTRAS (más) en las que no coincido con él». Luego, pensando y leyendo sobre el asunto, creo, sin desdecirme realmente, que, en realidad, a lo mejor no son tantas…
En cualquier caso eso da igual. Lo importante aquí no es coincidir o no con FJL. Lo importante es discernir si esa sentencia es justa (esa en particular) y si el clima de libertad y libertades en esta patria nuestra es el adecuado y suficiente para una democracia real y homologable. En cuanto a la sentencia y pese a lo concienzudo del apellido de la juez, tengo mis reservas. No digo que no se ajuste a derecho, pero, ya lo he dicho, tengo mis dudas (dejaré que me las aclaren los juristas de pro y el recurso que se va a presentar). Y las tengo, digo, por algo que afirmaba yo, perdón por las auto-citas, igualmente en ese post mencionado: que es bueno que la libertad de expresión tenga límites, pero que esos «se establecen en función de quien opina y de quién se opina… y eso… es injusto y peligroso. Muy peligroso.» A ese respecto me resultó gratificante leer unas horas después, a Cristina Losada diciendo:
El pasado abril, el director de la cadena SER hacía un llamamiento contra los “pajilleros, reprimidos, grasientos, puteros, siniestros, cobardes, acomplejados, con nombre y apellidos” del periodismo. Acto seguido evocaba esos nombres de modo que no quedara duda de quiénes eran los injuriados. Seis profesionales, entre ellos Pedro J. Ramírez, Cristina López Schlichting y Federico Jiménez Losantos, eran calificados de aquella guisa, y, además, de “mirones clandestinos”, “fetichistas de la mugre”, “residuo pútrido”, “usurpadores del oficio”, “cobardes” y otros dicterios del mismo gusto enfermizo (…)
la libertad de expresión constituye un privilegio reservado y a ejercer sin freno por quienes forman en el “bando correcto”, sean de izquierdas o de derechas, que ahí unen fuerzas. En cambio, en el exterior de ese búnker, en la intemperie de la independencia, uno está abocado al castigo y al linchamiento. (leer el artículo completo)
Y ese es el problema. La injusticia que supone el que la ley se aplique de una u otra manera en función del bando en el que milites. Y el hecho de que casi siempre sea el mismo bando el que recibe los palos. Tengo muy oxidado lo que estudié respecto del derecho al honor y esas cuestiones. No recuerdo, ni sé, si los atentados contra el honor, las injurias, etc., son perseguibles de oficio (sí lo son, al menos, cuando se queman retratos del Rey -cosa que repudio- o cuando se viñetea a los Príncipes de Austurias en posición de p’alnorte -cosa que es de franco mal gusto pero que no me parece tan grave-) pero lo que sí sé es que, por los ejemplos reales mencionados, a más de uno había que ponerlo bajo la ciega. Y no se hace. No, si estás, como dice Losada, en el “bando correcto”. Y lo que también sé es que la reprobación social, oficial y publicada, que reciben unos (Losantos) es muy distinta de la que reciben otros. Y ello es así porque el conjunto de los medios y los que tienen voz y pluma en ellos, está dominado y/o impregnado por lo políticamente correcto (ser de izquierdas y/o su sinónimo: ser tolerante-progresista), por la ideología, oficial y publicada, imperante.
Y he dicho ya varias veces en estas líneas lo de oficial y publicada porque no es verdad que la mayor parte de la gente sea izquierdo-progre. No es igual opinión pública que publicada. Ni verdad oficial que verdad (cuando a la verdad se le ponen adjetivos, malo). Ni es cierto, por lo tanto, que la mayor parte de la gente esté de acuerdo con esos plumillas o voceros que se auto homenajean con la posesión de la verdad democrática y tolerante (aunque ellos insulten y escupan, a veces, como el que más -lée, por favor, la entrada anterior-). No. Hay millones de personas que no piensan como ellos. Pero su opinión cuenta menos, es menos oficial porque es muchas menos veces publicada.
Porque quien no está en las ideas e ideologías dominantes (oficiales y publicadas) no dispone más que de unos pocos medios para hacer oír su voz y opinión. Y esa es para mí la clave. Losantos, la Cope, Libertad Digital, son un grano duro e incómodo en las posaderas amplias y comodonas de la verdad oficial y publicada. Y muchos querrían arrancarlo, sin más, de la sociedad y la prensa españolas. Y la gente que sigue, que escucha, que escuchamos, a FJL nos sentimos, muchas veces, defendidos y reivindicados en su voz y en sus opiniones.
Y sin su voz estaríamos mucho menos representados. Y seríamos mucho menos libres.
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Nos vemos.
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Foto: ‘Libertad Digital TV’
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«Hay consenso en que el aborto es un mal social que hay que evitar. Sin embargo, en los países en que se ha liberalizado el aborto, éstos han aumentado. En los Estados Unidos, en los primeros diez años, se triplicó, y la cifra se mantiene: la costumbre se instaló. Lo mismo sucedió en España. (...) Descubrimientos revolucionarios, como la fecundación in vitro y el ADN con la secuenciación del genoma humano, dejan en evidencia que desde el momento de la concepción hay allí una vida humana nueva, un nuevo ser. (...) El verdadero grado de civilización de una nación se mide por cómo se protege a los más necesitados.» 














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