addenda hoy 07-08-2008 | addendum 14-05-2008 (en enlaces final post)
Aleksandr Isayevich Solzhenitsyn murió el pasado domingo día 3 de agosto. Unos meses antes de cumplir los 90 años. Premio Nobel de literatura (1970), adquirió fama mundial con una serie de obras en las que narró los horrores del comunismo (millones, decenas de millones, de personas asesinadas por la hoz y el martillo) en Rusia y los países satélites de lo que fue la URSS.
Solzhenitsyn escribió por y para ellos, entre otros muchos e interesantes libros, su monumental obra ‘Archipiélago Gulag‘. En una nota a su primera edición, el autor escribía:
Todo tuvo lugar tal y como se describe aquí. Dedico este libro a todos los que no vivieron para contarlo, y que por favor me perdonen por no haberlo visto todo, por no recordar todo, y por no poder decirlo todo. (+)
‘Archipiélago Gulag‘ es, en un sentido casi literal, una auténtica enciclopedia de datos. A. Solzhenitsyn nos muestra, a través de su historia, personal, y la de otros (con datos, con cifras, con fechas, con nombres y apellidos), la verdadera cara del paraíso comunista que fue Rusia durante más de setenta años.
«Puedes rezar libremente, Pero… que sólo te oiga Dios». Tania Jod-kévich (‘Archipiélago Gulag’) (Por estos versos le cayeron diez años.)

‘AG‘ hace referencia a la red de campos de concentración y exterminio (Gulags) (existieron por lo menos 476 sistemas de campos de concentración, cada uno conformado por cientos, incluso, miles de campos individuales, que en algunos casos se extendían sobre miles de millas cuadradas) usados por la antigua Unión Soviética para llevar a cabo la mayor represión en la historia de la humanidad.
Leí AG pocos años después de su primera edición en 1973. Cuando yo tenía unos 18 ó 20. Y, lógicamente, en mi memoria pronto se perdió la inmesidad de datos de la obra. Pero se me quedaron grabadas algunas cosas. Muy firmemente. Una de ellas, la primera, fue el sentimiento de culpa que tenía Solzhenitsyn por no haber hecho más cuando lo detuvieron. Reproche contra sí mismo que, en parte (sólo en parte) extendía, a cuantos fueron perseguidos por el régimen comunista.
¡Puedes gritar, no debieras dejar escapar la ocasión! ¡Gritar que se te llevan! ¡Que unos monstruos disfrazados andan a la caza de la gente! ¡Que los cogen con falsas denuncias! ¡Que están acabando en silencio con millones de seres! Y al oír muchas veces al día estos gritos, al oírlos en todas las partes de la ciudad, quizás a nuestros conciudadanos se les desgarraría el alma. Quizá las detenciones se harían más difíciles. (…)
¿Por qué me callé? ¿Por qué no abrí los ojos a la multitud aprovechando mi último minuto en público? (…)
¿Por qué, entonces, me callé? Cada uno encontraba siempre una docena de razones plausibles para demostrar que tenía razón al no sacrificarse.
(…) Si se hubiera hecho tal cosa, si se hubiera hecho tal otra… Sencillamente, nos hemos merecido todo lo que vino después. (‘Archipiélago Gulag’)
La segunda cosa que se me quedó grabada, para siempre, fue que el hombre es capaz de todos los horrores y villanías y sin embargo, en medio de ellas, puede encontrar su alma:
“Tu alma, antes seca (hace referencia a su propio pasado, filocomunista, y a los errores e «indiferencia ante el sufrimiento ajeno» de su vida anterior. Esta cursiva es nota mía) ahora rezuma con el sufrimiento. Aunque no ames al prójimo al estilo cristiano, la devoción abre camino en tu corazón y comienzas a aprender a amar a los que te rodean”. Asimismo: “El sentido de la existencia terrena no es la prosperidad (…) sino el desarrollo del alma. Desde este punto de vista, nuestros verdugos recibían el más terrible de los castigos: descendían al nivel de la bestias, se deshumanizaban. Bien podemos afirmar que ellos eran los verdaderos prisioneros del Archipiélago. (…) Nosotros allí encontramos nuestra libertad” (+)
La tercera fue que determinadas formas de poder, en este caso el comunismo, están dispuestas a aplastar cuanto les es contrario o pueda ser percibido como una amenaza. Más aún, ese poder es capaz de (aterrorizar, torturar, esclavizar, asesinar, etc.) arbitrariamente a cualquier inocente (por millones en este caso) con tal de generar tal estado de miedo (terror) y sumisión que sea imposible cualquier reacción frente a él:
Así lo explicaban abiertamente (Latsis, en el periódico El Terror Rojo, 1 de noviembre de 1918): «No estamos en guerra con individuos aislados. Exterminamos a la burguesía como clase. No busquéis durante la instrucción judicial ni materiales ni pruebas de que el acusado haya actuado de obra o de palabra contra los soviets. La primera pregunta que debéis formularle es a qué clase pertenece, cuál es su origen, su educación, sus estudios o su profesión. Estas preguntas son las que deberán determinar la suerte del acusado. Éste es el sentido y la esencia del terror rojo». (‘Archipiélago Gulag’)
Por último (por ahora) Solzhenitsyn fue una verdad más que incómoda en Rusia y… en occidente. «Sufrió la represión soviética en el Gulag, y luego la reveló en sus libros, lo que le costó la expulsión de la URSS. En el exilio, acabó siendo molesto en Occidente, cuyas miserias morales denunció.» Solzhenitsyn fue perseguido, torturado, encarcelado, desterrado y luego silenciado en Rusia durante muchos años. Y cuando lo contó en occidente, adquiriendo una indudable notoriedad, tuvo que sufrir otra suerte de persecución. En buena medida, en la medida del alcance de la progresía intelectualoide de izquierdas (que, en según qué casos, momentos y sitios, ha sido un alcance muy grande), fue ignorado cuando no criticado abiertamente por mentir, por exagerar o por… ¡pesado! en su victimismo y denuncia. La izquierda occidental estaba (está) interesada y comprometida (haciéndole el juego a la Rusia comunista, al marxismo) en esa segunda persecución. Y la derecha… la derecha democrática occidental, tampoco estaba (está) demasiado interesada en defenderlo porque su testimonio delataba la cobardía y complacencia con que siempre actuó (y sigue haciendolo) frente a la barbarie conceptual y material del comunismo: Porque son cosas del pasado… porque la situación impedía hacer otra cosa, porque… fueron (son) cobardes.
No hay más que ver (el que lo viera, que yo lo vi y lo viví, personalmente) el rasgado (entonces y ahora) de vestiduras de unos y otros cuando, en una visita a España en 1976, el escritor ruso decía cosas como estas:
- “Sus progresistas llaman dictadura al régimen vigente en España. Hace diez días que yo viajo por España y me he quedado asombrado: ¿Saben ustedes lo que es una dictadura?” (ver más)
- ¿Saben ustedes lo que es una dictadura? (…) Los españoles son absolutamente libres para residir en cualquier parte y de trasladarse a cualquier lugar de España. Nosotros, los soviéticos, no podemos hacerlo en nuestro país. Estamos amarrados a nuestro lugar de residencia por la propiska (registro policial). Las autoridades deciden si tengo derecho a marcharme a tal o cual población (…)
- Los españoles pueden salir libremente de su país para ir al extranjero (…) En nuestro país estamos como encarcelados. Paseando por Madrid y otras ciudades (…) más de una docena, he podido ver en los kioscos los principales periódicos extranjeros. ¡Me pareció increíble! Si en la Unión Soviética se vendiesen libremente periódicos extranjeros se verían inmediatamente docenas y docenas de manos tendidas luchando por procurárselos (…)
- También he observado que en España uno puede utilizar libremente las fotocopiadoras (…) Ningún ciudadano de la Unión Soviética podría hacer una cosa así en nuestro país.
- En su país (dentro de ciertos límites, es cierto) se toleran las huelgas. En el nuestro, y en los sesenta años de existencia del socialismo, jamás se autorizó una sola huelga. Los que participaron en los movimientos huelguísticos de los primeros años del poder soviético fueron acribillados por ráfagas de ametralladora.(…)
- Si nosotros gozásemos de la libertad que ustedes disfrutan aquí, nos quedaríamos boquiabiertos. (+) (mientras no lo borren de la wikipedia)
addendum.- 07-08-2008:
Como he dicho más arriba, a esas declaraciones, se «opusieron», desde la comodidad y paz de sus sillones, pero de una forma feroz, un nutrido grupo de intelectuales de salón y combatientes de retaguardia y mesa camilla (habría que haberlos visto a ellos en el Gulag; si eran (son) cobardes en la comodidad de su regalada paz ¿cómo se habrían portado en la URSS comunista? ¿O quizá (ellos) no habrían tenido nada que temer porque habrían presidido en ella tribunales chequistas o, tal vez, ejercido de carceleros y verdugos en los campos de exterminio?)
Es de imprescindible lectura a este respecto, el artículo de Pío Moa: Un autorretrato del Franquismo
“Yo creo firmemente que, mientras existan personas como Alexandr Solzhenitsin, los campos de concentración subsistirán y deben subsistir. Tal vez deberían estar un poco mejor guardados, a fin de que personas como Alexandr Solzhenitsin no puedan salir de ellos.” Juan Benet (intelectual de elpaís en ‘Cuadernos para el diálogo”) (+)
Aleksandr Isáyevich Solzhenitsyn, cuya conversión personal, profunda y firme, floreció en los campos del Gulag, quien no temía morir «I am not afraid of death any more», porque pensaba que la Fe es el fundamento y soporte de la propia vida «faith is the foundation and support of one’s life», descanse en paz.
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Nos vemos.
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Foto arriba Solzhenitsyn: ‘Bibliograf’ Foto prisionero: ‘Wikipedia’
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Alexander Solzhenitsin (1918-2008). | El escritor que contó al mundo la verdad del Gulag, por Miguel Castellví | Archipiélago Gulag: reseña de la gran obra de Solzhenitsin, junto con otras dos sobre el terror comunista: Relatos de Kolymá y El libro negro del comunismo | La visita de Solzhenitsin a Juan Pablo II: crónica de un encuentro emocionante | addendum 07-08-2008: Solzhenitsin y Benet | Un autorretrato del Franquismo – Ambas son referencias a artículos de Pío Moa | addendum 14-08-2008: ‘Alejandro el Empecinado‘ por C. Semprún Maura |
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