¿«Salud genésica»? ¿Salud perteneciente o relativa a la generación? ¿Cabe mayor imbecilidad, o maldad, que asociar los términos: salud y genésico para, sin embargo, hablar de aborto, de asesinato?
Ya he hablado de esto, en varias ocasiones, a lo largo de las entradas de este blog; de la importancia de las palabras. El lenguaje, las palabras, es barrera o puente. Si, no pudiendo usarlas, o usándolas mal, no nos sirven para entendernos (en el sentido estricto de comprensión y comunicación) pues son barrera. Si, por el contrario, nos permiten establecer, inequívocamente, lo que queremos decir (lo que sentimos, deseamos, pensamos, queremos…) de tal manera que quien nos eschucha alcanza a saber eso, de cierto, son puente.
Por eso, cuando queremos comunicarnos con alguien, partiendo de la base de que compartimos el mismo idioma, usamos términos que sabemos que “el otro” (nuestro interlocutor) va a entender. Eso es tanto más así, cuanto más importante es el mensaje (la realidad que queremos dar a conocer con él). No tiene sentido dirigirse a alguien escogiendo una terminología imprecisa, inexacta o, peor aún, intencionadamente críptica, si lo que pretendemos es comunicarnos, que nos entiendan. Así, si yo quiero que el camarero me sirva un café con leche, pues le pido eso: -Café, con leche, por favor. Sería completamente absurdo que le pidiera algo así como: -Una infusión de semilla de cafeto, debidamente tostada y molida, diluída al 50% con líquido blanco del que segregan las mamas de las hembras de los mamíferos para alimento de sus crías… Y eso que en este caso estaría usando términos correctos y precisos… pero de una forma, a la par que ridícula y pedante, poco clara. Menos sentido tendría, aún, ser voluntariamente confuso en el mensaje si aquello que se comunica hace referencia a un tema importante y grave: que el copiloto, por ejemplo, le diera instrucciones enrevesadas al piloto y, en vez de decirle: -Curva, a la izquierda; el mensaje fuera: -Forma geométrica que tiende a… etc.
El problema es que, en ocasiones, por absurdo que ello pueda parecer a priori, quien usa el lenguaje no lo hace para “comunicarse” (hacerse entender) sino más bien para lo contrario. Y, en ese caso, usa, mal-intencionada y voluntariamente, eufemismos para ocultar la realidad o términos abstrusos o, peor aún, directamente falsos (con apariencia de verdad) para referirse a aquello sobre lo que está hablando.
Quien hace esto conscientemente (idiotas y pedantes aparte, claro), lo que busca, generalmente, no es la comunicación con el otro, sino “sacar partido” en la forma que sea, del hecho probable, buscado, de que quien lo oye no pueda entender acertadamente, inequívocamente, qué está diciendo.
Esto lo saben y practican bien, por ejemplo, los que pretenden engañar engañan a otros vendiéndoles hipotecas basura de poco o ningún valor. Para hacerlo, escogen, para referirse a ellas, un término pomposo, deliberadamente oscuro o enigmático, pero que suene bien. Y así, vestida de seda, la basura que manejan adquiere una apariencia amable, incluso deseable; y muchos, deslumbrados por su nombre, ignorando su realidad, la compran. Parece imposible que esto ocurra, más cuando se trata de gente “informada”, pero ocurre, constantemente. Lo explica muy bien, hablando de economía, Leopoldo Abadía cuando nos cuenta lo de la crisis NINJA. Lo explican, igualmente bien, los John (Bird and Fortune) en este graciosísimo vídeo sobre la crisis de las subprime.
Y lo saben y practican muy bien los políticos; forzando, constantemente, el lenguaje, el mensaje, hasta límites absolutamente ridículos o inverosímiles. Todo con tal de que no se les entienda, de que queden ocultas sus verdaderas intenciones al respecto de la realidad sobre la que hablan pero quieren esconder. Luego, llegado el caso, pueden ocurrir dos cosas: que la gente se conforme con esa realidad que han ocultado y conseguido, o que no. En el primero habrán alcanzado su objetivo. En el segundo… bueno, siempre les quedará el recurso de volver a mentir; de volver a ocultar la realidad bajo un manto de términos petulantes y obscuros.
En estos días, en el parlamento europeo se ha votado una resolución sobre “derechos fundamentales” que ampara y cubre -ocultándolo- el aborto. Esta vez, para favorecerlo, lo han llamado: “salud genésica“. La imaginación de estos malvados en la batalla del lenguaje sobre el aborto no tiene fin. Es evidente que si quienes buscan su aprobación, se refirieran al aborto como lo que es: el a-s-e-s-i-n-a-t-o (generalmente por descuartizamiento) de un ser humano no nacido, nadie “les compraría” lo que venden.
Por eso, escogen palabras que escondan la realidad. Y, con ellas, a costa del dolor y el sufrimiento de otros, mantener su negocio; sus puños blancos abotonados con gemelos caros. Para ocultar, también así, la miseria de la que nacen.
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Nos vemos.
Yo tomo la imagen de…
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